“Empezó a besarme y, de repente, miró al techo y dijo: ‘Estoy pensando si violarte o no’. De la nada, me agarró por el cuello, me empujó contra la cabecera de la cama y me estranguló con mucha fuerza”. Anna afirma que luego la violó. Tras la agresión, Tate le envió mensajes de texto y notas de voz perturbadores sobre la violación y la violencia sexual. “¿Soy una mala persona? Porque cuanto más te disgustaba, más lo disfrutaba yo”, le dijo en una nota de voz, y en un mensaje escribió: “Me encanta violarte”. No es el guion de una película de porno duro, es un reportaje de la BBC sobre una de las mujeres que ha acusado de violación a Andrew Tate –quien, claro, se dice inocente.
Tate es un fenómeno mundial. Cuatro veces campeón mundial de Kick-boxing. Ídolo en los círculos de la machosfera mundial. Sus opiniones controvertidas y su lujoso estilo de vida atraen a millones, sobre todo a hombres jóvenes que se sienten desorientados o sin propósito. Desde plataformas como Real World, The War Room y Hustler’s University, Tate les ofrece entrenamiento para un éxito financiero rápido, una defensa descarnada de la masculinidad tradicional y, claro, un rechazo total de los derechos de las mujeres: son para usarlas.
Un extenso reportaje de Heidi Blake en el New Yorker desnuda la red de tráfico sexual de Tate en la que mujeres como Anna cayeron atraídas, primero, por su encanto personal y su riqueza y, segundo porque, aprovechando su vulnerabilidad, les ofrecía un sueño que ellas creían inalcanzable. En el camino descubrían el costo: participar en forma extenuante de su red de pornografía en línea, someterse a su violencia sexual, y convertirse prácticamente en sus esclavas. No había escape posible.
A pesar de las acusaciones, Tate sigue libre y, peor, sigue siendo “modelo” para quienes añoran esa masculinidad grosera centrada, no en el afecto y el respeto, sino en el dominio, el poder y la violencia sobre la mujer, quien debe someterse a su rey en todos los aspectos de su vida. ¿Será ese el modelo de hombre que queremos para nuestros muchachos? ¿Serán esos los hombres que queremos para nuestras Annas?


