Volver. Sentir que es un soplo la vida. Que veinte años no es nada. ¿Veinte años? Hace pues nada que, un jueves como hoy, publiqué en este mismo espacio la última de mis “Subversiones”.
Recuerdo cuánto me alegró saber que el espacio quedaba en manos de Jorge Vargas Cullel. Jorge superó con creces la tarea del relevo y así, por veinte años, disfrutamos y aprendimos con los “Enfoques” de Varguitas. Hoy, plateada la sien, me toca volver y hacerle de vuelta el relevo a Jorge.
Me ilusiona volver a las “Subversiones”. Siempre disfruté mucho ese reto de escribir cada semana una columna que a la gente le resultara entretenida, útil, estimulante – y también incómoda y hasta molesta. Por eso, quiero empezar esta nueva edición recordando algo de lo que dije aquel primer jueves de “Subversiones”, intentando explicar por qué había elegido ese nombre para la columna.
Fue culpa del diccionario. Dice el DRAE que una subversión no es más que la acción y el efecto de subvertir. Pero ¿qué significa subvertir? Trastornar, revolver, destruir. De estas tres, me interesó, por oscura, la idea de revolver, y me sorprendieron algunos de sus significados: menear una cosa de un lado a otro; moverla alrededor, o de arriba abajo. Mirar o registrar, moviendo y separando algunas cosas que parecían estar juntas y ordenadas. Inquietar, enredar; promover sediciones, causar disturbios. Discurrir, imaginar o cavilar en varias cosas o circunstancias, reflexionándolas. Volver a andar lo andado. Meter en pendencia, pleito. Alterar el buen orden y disposición de las cosas.
Y de eso se trata. De tomar cada jueves un tema o evento de interés, y aplicarle alguno de los significados de subvertir: partiéndolo en pedazos para analizar sus partes, mirándolo desde otro ángulo, cuestionándolo, agregando información o puntos de vista que sorprendan y hasta incomoden a quien lee. Sin incomodidad no hay cambio.
Hace veinte años, este ejercicio de provocar la discusión ofreciendo perspectivas distintas y críticas, me parecía importante. Hoy, me parece indispensable. Por eso, volvamos a subvertir.


